La Santa Muerte (2007)
México
110 min.
Paco del Toro
 
 
 
Paco del Toro, Verónica Maldonado
Alberto Lee
Omar Guzmán
Karla Álvarez, Harry Geithner, Ramiro Huerta, Amaranta Ruiz, Julio Casado, Wendy Braga, Eva Prado, Mario Zaragoza

 

Recientemente, Paco del Toro se refería al cine como “una poderosísima arma” con la cual se pueden impulsar formas de pensar o patrones de conducta. Eso explica por sí mismo lo que es su trabajo; Del Toro no está tan interesado en ser el artífice de una obra artística como en ser impulsor de una ideología que propone absolutos.

La Santa Muerte es ya el tercer largometraje del antes realizador de videohomes cristianos, pero en poco se diferencia de sus dos producciones anteriores, el manifiesto antiaborto Punto y aparte, y el panfleto machista y antidivorcio titulado Cicatrices, todas, muy lejos de generar el mínimo entusiasmo en sectores que no sean las congregaciones evangélicas.

La cinta no sólo es increíblemente larga y cansada, sino que exhibe la escasa preparación y habilidades con las que la televisión dota a los actores (los casos de Karla Álvarez y Harry Geithner son los más notables).

Ya entrados en materia, el tratamiento sobre el fenómeno de la Santa Muerte no podría ser más superficial, pues el culto es visto desde fuera todo el tiempo, sin dar cuenta de sus prácticas, de sus reuniones o de su particular evangelio. Eso sí, la calaca es convertida, sin más, en responsable de las desgracias que tienen que afrontar los personajes de tres historias que buscan lo que, por separado, prometen todos los anuncios de televisión: salud, dinero y amor.

Así, la hija desahuciada de un ama de casa histérica (Álvarez) y un exitoso arquitecto (Geithner) es sanada de un tumor cerebral. Gustavo (Julio Casado), un empleado de oficina de esos que piensan que ir al centro comercial es sinónimo de ir de paseo, consigue un trabajo de mucho dinero como madrina de la Policía Judicial, luego de ser despedido abruptamente y perder todas sus posesiones, incluida una novia guapota pero bastante mundana. Finalmente, gracias a un “amarre”, Raquel logra quitarle el marido a su mejor amiga Elena (Eva Prado), con el que se ve a escondidas desde tiempo atrás.

Fuera del empeñoso trabajo de Julio Casado y Mario Zaragoza, como judiciales, o el de Amaranta Ruiz en el papel de la amante del tipo casado, el resto es francamente odioso. Amén de que parece haber sido musicalizada con el CD de “todo lo que nadie quiso” y de que el director consideró necesario introducir repetidamente un molestísimo efecto de sonido (que uno supone que es viento) como anuncio de que la imagen de la Muerte está por hacer algo, el guión carece de la más elemental fuerza argumentativa, forzando situaciones que de veras se desbarrancan en el humor involuntario.

Tras el estreno en diciembre de 2006 de la película Guadalupe, escribí en este mismo espacio que lo más detestable del producto era apelar a la superstición más que a la razón de la gente. La apuesta de La Santa Muerte, aun ubicándose fuera del feudo controlado por la jerarquía católica y sus hijos predilectos de la iniciativa privada, no es muy distinta.

Las imágenes de la Santa Muerte que aparecen a lo largo de la cinta, se comunican con sus dueños, les hablan en sueños y los amenazan. Los soldados de Cristo, por su parte, no son muy efectivos que digamos, pues lo matan a uno de aburrimiento con sus largos y fríos sermones de vocabulario estudiado, desprovisto de toda emotividad o experiencia vivencial.

La supuesta fe que intenta alimentar Paco del Toro a final de cuentas no es más que milagrería a modo para gente que sólo es capaz de ver a Dios en manifestaciones sobrenaturales, como tumores que desaparecen por decreto o incapacitados que se levantan de sus sillas de ruedas.

Por lo que hace al cine como medio de entretenimiento, no encuentro razón para quedarme en una sala de proyección en la que tengo que recetarme un sermón de iglesia mal dramatizado. Para quienes no acordamos con Paco del Toro respecto a las aspiraciones del cine como impulsor de formas de pensar o patrones de conducta, La Santa Muerte es como tener que atender a la puerta, un domingo a las 8:30 de la mañana y darte cuenta de que es una pareja de Testigos de Jehová que, por más buenas intenciones que tengan, viene a importunarte.