La tarea (1990)
Jaime Humberto Hermosillo
Jaime Humberto Hermosillo
Toni Kuhn
Luis Alcaraz, Hermanos Martínez Gil, Rosendo Ruiz, Jr.
México
85 mins.

 
 
 

A sus cuarentaitantos, Virginia estudia comunicación y para aprobar una materia —no sabemos cuál— un profesor le ha pedido hacer un video. La única regla es que debe hacerse sin cortes.

Para hacer su video, la protagonista cita en su departamento a Marcelo (José Alonso) un ex amante a quien tiene cuatro años de no ver y con quien sostiene una conversación somnífera de alrededor de 70 minutos sobre sexo, fidelidad, sida y prejuicios femeninos, y con quien baila el chachachá de "Los marcianos llegaron ya".

Virginia ha decidido darle originalidad a su trabajo, colocando la cámara en el piso, lo que hace que en realidad uno esté mirándole los pies a los actores la mitad del tiempo. La parte menos tediosa la constituye un coito de diez minutos entre María Rojo y Pepe Alonso, luego de lo cual nos enteramos que en realidad estaban fingiendo, pues están casados, tienen dos hijos y se llaman en realidad María Navarro de Partida y José Ignacio de Partida.

Acto posterior, suena un bolerito de los hermanos Martínez Gil y aparecen los créditos finales. De haber sido el evaluado, Jaime Humberto Hermosillo estaría reprobado, pues es incapaz de realizar la tarea que como supuesta estudiante le impone a su protagonista: hacer una película en una sola toma. La edición parece hecha con tijeras para cortar lámina, los diálogos son de lo más gastado y con franqueza existen numerosos ejemplos de soft porno hechos con mucho mayor "buen gusto" que el que Virginia presume en uno de sus diálogos. En síntesis, nada de lo que ocurre en este largometraje tiene "consecuencias inesperadas y divertidas" como afirma la sinopsis del dvd.

La película ganó los premios Eres, otorgados por una revista para adolescentes, y las entradas en taquilla incitaron al director a tramar una segunda parte que se tituló La Tarea prohibida, sólo que esta vez el coito de María Rojo tiene lugar en una azotea, en medio de los tinacos de asbesto, con quien resulta ser su hijo Santiago, interpretado por Esteban Soberanes, un joven actor que poco después se convirtió en el conductor del programa infantil Bizbirije.

Es simple; en ambas películas María Rojo juega al cinito, lo mismo que Jaime Humberto Hermosillo, quien después de escandalizar a un puñado de señoras decentes, decidió creerse el cuento de que su cine era demasiado controversial y hasta "pornográfico", cuando en realidad lo que hace es emplear recursos francamente ordinarios como los de Intimidades de un cuarto de baño .

El "nuevo cine mexicano" representado por este tipo de películas se desinfló tan pronto y generó tan pobre convocatoria en taquilla que en diciembre de 2002, el Congreso de la Unión aprobó una iniciativa rabiosamente defendida por la ya entonces diputada María Rojo, que obligaba a los exhibidores del país a destinar un peso de la taquilla por cada boleto vendido para crear un fondo que impulsara la producción del cine nacional de calidad. Es decir, había que buscar la manera de dotar de recursos a los decadentes amigos de la diputada para que rodaran más películas que nadie ve.

El precio de los boletos aumentó no uno, sino hasta cuatro y cinco pesos. Los exhibidores se ampararon contra la medida, pero el precio de los boletos no bajó. Nadie sabe a dónde fue a parar ese peso extra que todos pagamos por cada entrada al cine. Si algo positivo puede rescatarse es que María Rojo se encuentra muy ocupada para hacer otra película, viviendo del erario ahora como diputada local... a menos que Jaime Humberto Hermosillo decida escribir y rodar una tercera parte de La Tarea, en la que la cámara sea colocada en el piso del sanitario de la Asamblea Legislativa o del Senado.
 
 
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