The exorcism of Emily Rose (2005)
Scott Derrickson
Scott Derrickson, Paul Harris Boardman
Tom Stern
Christopher Young
Estados Unidos
119 mins.

 
 
 

En los últimos años se ha intentado justificar de más de una manera la crisis del cine norteamericano. Si la gente dejó de ver cine de terror se debe simplemente al hastío de sentirse robada tras mirar decenas de veces la misma inmundicia con nombres diferentes.

Contra todo lo que hoy pudiera anticiparse de una historia sobre una posesión demoniaca, El exorcismo de Emily Rose es una de las cintas más logradas que se hayan rodado recientemente sobre el tema, aunque para ser justos tiene dos pequeñísimos problemas a los que prefiero referirme al final.

La historia, dirigida y escrita por Scott Derrickson, gira en torno al juicio realizado a un sacerdote tras realizar un exorcismo a una chica de 19 años, ignorando aparentemente los síntomas de epilepsia de la joven, lo que a la larga le cuesta la vida a la muchacha y cargos por negligencia criminal al guía religioso.

Lejos de transitar por los caminos tantas veces vistos y reelaborar las viejas secuencias casi siempre parecidas al ritual recreado en El exorcista, el director se centra en el proceso contra el padre Richard Moore (Tom Wilkinson), usando apenas escenas muy precisas de las visiones o alucinaciones de la joven Emily Rose (Jennifer Carpenter), así como de las plegarias y las invocaciones al Diablo durante su exorcismo.

El equilibrio en el relato es encomiable no sólo por los momentos en que la defensa religiosa del caso raya en lo pueril, sino por lo contundente de varios argumentos que hacen tambalear las explicaciones médicas y científicas implicadas en el juicio.

Más allá del toque sensiblero que muestra a la abogada del caso, Erin Bruner (Laura Linney), viviendo su propia redención al tiempo que el juicio avanza, el guión es lo suficientemente sólido para transmitir al mismo tiempo lo endeble de una defensa basada simplemente en la fe y la sensación de que en los hechos hay involucrado algo más que un caso de psicosis agravada, sin tener que recurrir a efectos especiales o maquillaje elaborado para un público impresionable.

Pese a lo anterior —siempre hay un pero en esto—, no puede dejar de sentirse cierto tufo clerical en la conclusión de la historia, sobre todo cuando la Iglesia Católica de Estados Unidos pasa por un momento delicado al tener que enfrentarse a miles de acusaciones por paidofilia, por lo que hoy, más que nunca, necesita un lavado de imagen.

El segundo punto “objetable” al que aludía al principio, radica en que este filme se vende a sí mismo como un relato basado en hechos reales, e incluso al final se ofrece información sobre los involucrados en el proceso. Esto es apenas parcialmente cierto.

El exorcismo de Emily Rose está basado en realidad en el caso de Anneliese Michel, una joven de Bavaria, Alemania, que murió en 1976, a los 23 años, luego de haber sido diagnosticada con epilepsia en 1969.

La muchacha fue sometida a un exorcismo de más de diez meses por parte de dos sacerdotes, Ernst Alt y Arnold Renz, quienes fueron sentenciados a prisión junto con los padres de Anneliese, luego de que ésta muriera pesando apenas 31 kilos, tras semanas de no recibir alimentos ni líquidos. En realidad, las convicciones del sacerdote interpretado por Tom Wilkinson resultan —gracias a la mano del director de la cinta— infinitamente más explicables que el fanatismo ciego de aquellos dos.

Sea cual fuere la posición ideológica del espectador, la película vale de veras la pena. Si bien encuentra un justo medio entre un drama con tintes legales y una muy aceptable cinta de terror, creo que el secreto está en el respeto por el público y en darle una historia sólida y consistente aunque haya que sacrificar un poco de sentimentalismo religioso, que seguramente muchos aplaudirían.
 
 
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